Durante los meses más recientes, el presidente de China, Xi Jinping, ha dicho que la reunificación con Taiwán debe cumplirse, y no ha descartado el posible uso de la fuerza para lograrlo.
Posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando hubo enfrentamientos en China continental entre las fuerzas del gobierno nacionalista y el Partido Comunista Chino, se produjo la división entre China y Taiwán. Los comunistas ganaron en 1949 y su líder, Mao Zedong, tomó el control en Beijing. Mientras tanto, el partido nacionalista, conocido como el Kuomintang, huyó a la cercana Taiwán.

Durante los meses más recientes, el presidente de China, Xi Jinping, ha dicho que la reunificación con Taiwán debe cumplirse, y no ha descartado el posible uso de la fuerza para lograrlo. Actualmente, China ve a Taiwán autogobernado por una provincia separatista que eventualmente volverá a ser parte del país. Sin embargo, Taiwán se ve a sí mismo como un país independiente, con su propia constitución y líderes elegidos democráticamente.
Por su parte, Estados Unidos se había apegado a la política de “antigüedad estratégica”, la cual significa que Washington ha sido deliberadamente poco claro sobre si defendería a Taiwán en caso de un ataque o cómo lo haría. No obstante, el pasado lunes 23 de mayo, durante una gira por Asia, el presidente estadounidense, Joe Biden, afirmó que defendería militarmente a Taiwán frente a un ataque chino.
Enseguida de la declaración de Biden, el miércoles 25 de mayo, el Ejército chino realizó maniobras cerca de Taiwán como advertencia contra el “complot” entre las fuerzas separatistas taiwanesas y Estados Unidos. “Se trata de una patrulla del Ejército Popular de Liberación (EPL) alrededor de Taiwán con el objetivo de estar preparados para el combate y realizar ejercicios de entrenamiento tanto marítimos como aéreos”, afirmó el coronel Shi Yi, portavoz del Comando del Teatro Oriental del EPL, en un comunicado.
Análogamente a lo sucedido en el conflicto entre Rusia y Ucrania, se esperaría que la comunidad internacional, situando a Estados Unidos en la cabeza, opte por aplicar sanciones económicas a China, en caso de que esta decidiera invadir Taiwán.
Para el caso de Rusia los objetivos de las sanciones fueron claros: aislar su economía del comercio internacional, dejarla fuera del sistema financiero y generarle una recesión económica. Por otro lado, a pesar de que múltiples países enviaron recursos para apoyar a Ucrania, el país también vio su comercio colapsado, pues sus centros de distribución terrestres, marítimos y aéreos se encuentran, en buena parte, sometidos bajo el Ejército ruso.
Es decir, extrapolando lo observado en Rusia y Ucrania, se esperaría que frente a un ataque de China a Taiwán las exportaciones de ambos países se vean altamente limitadas. Las exportaciones chinas se verían castigadas por las sanciones internacionales y las exportaciones de Taiwán caerían por el ataque a sus centros de distribución.
¿Cómo se ve afectado el resto del mundo?
Como se observa en la Figura 1, China y Taiwán concentran el 18% de las exportaciones del mundo (16 y 2%, respectivamente).
No obstante, este nivel de exportaciones no se distribuye de manera uniforme entre los distintos bienes de consumo. El 30% de las exportaciones chinas se concentran en maquinaria eléctrica y para Taiwán, la cifra es de 52%. Como consecuencia, el 38% de las exportaciones de maquinaria eléctrica tienen como país de origen a China y a Taiwán.
Al incursionar en los datos y en los comportamientos del mercado observados en los últimos años, destaca el tema de los semiconductores. Taiwán ha consolidado una industria de semiconductores que actualmente tiene un valor de 147 mil millones de dólares, equivalente al 15% de su PIB. La industria concentra alrededor del 40% de sus exportaciones y representa un pilar estratégico para la isla.
Las compañías taiwanesas producen los chips más avanzados del mundo, lo que crea que Taiwán sea una parte indispensable de la cadena global de suministro para industrias clave como la electrónica de consumo personal, la automotriz y la de aviación. Tanto las empresas como las fuerzas armadas de Estados Unidos y China dependen de los semiconductores de Taiwán.
Como se muestra en la Figura 3, la empresa Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), el fabricante de chips por contrato más grande del mundo, concentra el 54% del mercado global, seguida de Samsung Electronics con solo el 17%.
Asimismo, la TSMC controla el 90% del mercado para los semiconductores más avanzados, aquellos con componentes menores a 10 nanómetros. Tales semiconductores representan una pieza vital para los dispositivos informáticos más potentes, desde iPhones hasta supercomputadoras. Solo otras dos empresas, Intel y Samsung, pueden fabricar semiconductores que se acerquen a este nivel de sofisticación, pero su tecnología no es tan buena como la de TSMC, ni están innovando tan rápido.
En consecuencia, un freno en la producción y en las exportaciones taiwanesas, incluidas las correspondientes a los semiconductores, generaría disrupciones importantes en las cadenas suministro a tal nivel de llegar a detener la producción de ciertas industrias.
Como se observó respecto al conflicto entre Rusia y Ucrania, la reducción de sus exportaciones generó que el precio de los bienes sistémicos (bienes de exportación para los cuales la exportación rusa representaba más del 5% de las exportaciones globales) aumentaran de manera histórica. No obstante, los atractivos precios atrajeron nuevos entrantes e incrementaron la producción de aquellos que ya se encontraban produciendo. Con lo anterior se espera compensar el espacio de oferta abandonado por Rusia y estabilizar los precios para el 2023.
Sin embargo, para los semiconductores no sería posible proceder de la misma manera. Es poco probable que una escasez de chips se resuelva en un futuro cercano, principalmente debido a las complejidades del proceso de producción de semiconductores. Como se observa en la Figura 4, los plazos de entrega típicos pueden exceder los cuatro meses para productos que ya están bien establecidos en una línea de fabricación. El aumento de la capacidad mediante el traslado de un producto a otro sitio de fabricación generalmente agrega otros seis meses (incluso en las plantas existentes). Cambiar a un fabricante diferente generalmente agrega otro año o más porque el diseño del chip requiere modificaciones para que coincida con los procesos de fabricación específicos del nuevo socio. Y algunos chips pueden contener propiedad intelectual específica del fabricante que puede requerir modificaciones o licencias.

En suma, una invasión a Taiwán pondría en riesgo al 90% de los semiconductores que se requieren para fabricar productos de uso común: teléfonos, computadores, automóviles, etc. Y, por la complejidad de su producción, compensar la oferta tomaría años en lograrse. Si bien las cadenas de suministro chinas también se verían afectadas, el dominio de China sobre Taiwán podría darle a Beijing cierto control sobre una de las industrias más importantes del mundo.
