La crisis energética mundial, primera en su tipo, y desencadenada por la invasión rusa a Ucrania, está generado cambios profundos y duraderos que tienen el potencial de acelerar la transición hacia un sistema energético más sostenible y seguro.
En días pasados, la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) liberó la más reciente entrega de su Panorama Energético Mundial, en su edición 2022, donde destaca el hecho de que la crisis energética mundial, primera en su tipo, y desencadenada por la invasión rusa a Ucrania, está generado cambios profundos y duraderos que tienen el potencial de acelerar la transición hacia un sistema energético más sostenible y seguro.
Como se ve en la Figura 1, esto ha provocado que los precios del gas natural hayan alcanzado altos niveles, así como que el petróleo haya superado por amplio margen los 100 dólares por barril en diversos lapsos. Adicionalmente, el carbón también se incrementó a precios récord, y en consecuencia de todo esto, el costo de la electricidad también se ha visto fuertemente afectado.
Así, se han avivado las presiones inflacionarias, creando riesgos palpables de una recesión económica global. Esto, a su vez, también ha generado enormes ganancias para las compañías del ramo. Ante este panorama, los gobiernos, principalmente aquéllos de las economías avanzadas, han comprometido más de 500 mil millones de dólares para proteger a los consumidores de los impactos inmediatos.
Por otro lado, la IEA también enfatiza la vulnerabilidad que presentan los mercados energéticos, destacando la insostenibilidad del sistema energético actual, urgiendo a la vez a la comunidad internacional a aprovechar la coyuntura para impulsar la transición hacia las energías limpias. Para lograr esto, la Agencia reconoce la necesidad de realizar un importante aumento en la inversión en el sector, la cual resulta esencial para reducir el riesgo de futuras alzas indiscriminadas en los precios, que generen mucha volatilidad e inestabilidad. Este incremento también es crucial para encaminarse hacia la neutralidad de emisiones en 2050, y la consecución de los objetivos climáticos establecidos en el Acuerdo de París.
Además, por primera vez, la demanda mundial proyectada por el modelo de la IEA para cada uno de los combustibles fósiles muestra un pico o una meseta en todos los escenarios analizados, como se aprecia en la Figura 2. En particular, las exportaciones rusas caen significativamente a medida que se remodela el orden energético mundial. Así, se presume que el comercio internacional de energía sufrirá una profunda reorientación durante la presente década, a medida que los países se ajusten a la ruptura de los flujos Rusia-Europa, que se supone permanente.
Por otra parte, reforzando la idea de que es el momento de aprovechar la situación actual para impulsar la transición energética, la Agencia destaca que existe poca o nula evidencia de que las políticas climáticas y los compromisos de cero emisiones netas hayan contribuido al aumento de los precios de la energía. Incluso, concluye que, en las regiones más afectadas, la mayor proporción de energías renovables se correlacionó con precios de electricidad más bajos.
