El progreso contra el combate a la enfermedad ha decaído, los recursos de prevención y atención se han reducido y el aumento de los casos ha repuntado, en especial en las personas con menos poder social y protecciones bajo la ley.
ONUSIDA publicó un nuevo informe mundial al avance del combate a la enfermedad en el preludio de la Conferencia Internacional sobre el SIDA 2022 que se llevó a cabo en Montreal, Canadá. Los nuevos datos de Naciones Unidas revelan que, en los últimos dos años, enmarcados en la crisis sanitaria derivada del COVID-19, el progreso contra el combate a la enfermedad ha decaído, los recursos de prevención y atención se han reducido y el aumento de los casos ha repuntado, en especial en las personas con menos poder social y protecciones bajo la ley.
Se considera que el aumento se debe a temas como la crisis sanitaria, las repercusiones económicas, los desplazamientos de personas y los recortes presupuestarios a los programas de prevención y atención de la enfermedad.
Entre 2020 y 2021, el número de nuevas infecciones disminuyó sólo 2.6%, este es el descenso anual más pequeño en las cifras de nuevas infecciones desde 2016. Se estima que cada día, 4 mil personas – entre ellas más de mil jóvenes de entre 15 a 24 años – se infectan con VIH, lo que implica que si se mantiene esta tendencia para el año 2025, la cifra de nuevas infecciones para entonces sería de 1.2 millones de personas, tres veces más que el objetivo de este año (370,000 infecciones). En la Figura 1, se puede observar la desaceleración de la disminución de las nuevas infecciones entre 2016 y 2020.
Otro indicador es el número de personas que han fallecido por causas relacionadas por el SIDA. A pesar de que el número ha registrado un descenso desde el 2005, para 2021, 650 mil personas murieron por causas relacionadas al SIDA. En el informe se señala que estas podrían haber sido evitadas si todas las personas infectadas estuvieran bajo tratamiento de antirretrovirales y se tuvieran mayores acciones de prevención y detección oportuna. En la Figura 2, se puede observar el ritmo de descenso de las muertes relacionadas al SIDA entre el año 2000 y 2020.
Se señala que existen señales preocupantes en las políticas de atención a la enfermedad, debido a que se está estancando la expansión de los servicios de pruebas y del acceso al tratamiento de la enfermedad. Por ejemplo, entre 2020 y 2021 el número de personas que tuvieron acceso a antirretrovirales aumentó sólo en 1.4 millones, cifra menor en comparación con aumentos de cobertura en años anteriores que eran mayores a 2 millones de personas.
En la actualidad, se estima que más de 37 millones de personas viven con el VIH, 36 millones son adultos, más de un millón son menores de 14 años, 53% son mujeres y niñas y 47% hombres y alrededor de 6 millones de personas no sabían de su condición serológica.
En 2021, se registraron más de millón y medio de nuevas infecciones por la enfermedad. África Oriental y Meridional se mantiene como la región en donde existe mayor prevalencia, seguido por Asia y el Pacífico, África Occidental y Central, América Latina y el Caribe. Mientras que Europa Occidental y Central es la región con menor número de casos.
El caso de América Latina es uno de los más complejos, ya que de ser una de las primeras historias de éxito en la implementación del tratamiento, actualmente es una de las zonas que tiene mayor número de nuevos contagios. ONUSIDA estima que 1 de cada 3 personas infectadas en el mundo por la enfermedad, desde 2015, vive en América Latina.
Entre los factores de este aumento es que han perdido impulso las acciones para lograr una mayor prevención entre la población, así como la falta de cobertura del tratamiento para las personas que viven con VIH, la falta de acceso al tratamiento oportuno y la desigualdad que impera en la región, en especial con las personas que son las más vulnerables a infectarse (hombres que tienen sexo con hombres, mujeres transexuales, trabajadores sexuales y usuarios de drogas inyectables).
La meta para 2030 de la Asamblea General de las Naciones Unidas establece que para 2030 ya no se tendría ningún nuevo caso de la enfermedad. Para lograr dicha meta, en el informe se emiten una serie de recomendaciones relacionadas a impulsar leyes que protejan a diversos grupos de la discriminación y tengan un enfoque de Derechos Humanos y acceso a detección oportuna y tratamiento así como servicios de salud.
Otra recomendación es que se vuelva a tener un impulso entre la comunidad internacional para que se establezcan mayores mecanismos de ayuda financiera, en especial a países de renta media y baja, para asegurar el financiamiento suficiente y sostenible para combatir la enfermedad. Este punto es importante, debido a que en este tipo de naciones se están experimentando presiones por los déficits fiscales que conllevan a servicios de salud relacionadas con la enfermedad.
Por último, se sugiere abordar las desigualdades en el acceso a los tratamientos entre localidades y grupos sociales, así como evitar políticas de austeridad en el tema y promover medidas para disminuir los costos en el acceso al tratamiento.
